María Eugenia Duran – trabajadora costarricense de la piña, Pindeco (Del Monte)

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Introducción: María es una miembro no sindical que trabaja en la planta empacadora en la plantación San Pedro de la Corporación Del Monte, en la zona sudatlántica de Costa Rica.  Del Monte, junto con su filial Pindeco, producen aproximadamente 50% de las piñas costarricenses que se encuentran en los estantes de los supermercados europeos.

María dice:

“Normalmente ganaba alrededor de C 80.000 (€118) cada dos semanas trabajando en la plantación San Pedro.  A veces trabajábamos hasta 16 horas por día y 7 días por semana, según los pedidos que teníamos que tramitar.  Nos pagan por pieza – colectivamente recibimos C 50 (€0.074) por caja y el dinero se reparte entre los trabajadores en la planta conforme a la cantidad de cajas que llenamos en un día.  Si hay menos trabajadores, recibimos más dinero pero el trabajo es también más duro.  Contando con menos personal, necesitamos no obstante cumplir con las peticiones de los proveedores, de modo que no tenemos más remedio que trabajar más.  Al cabo del día, también tenemos que pasar dos horas limpiando la planta empacadora.

Yo era la Vicepresidente de la Asociación Solidarista en la plantación San Pedro pero siempre tenía problemas a causa de mi previa historia sindical y mis conocimientos de los derechos laborales, que las organizaciones Solidaristas rara vez respetan.  Estaba afiliada al sindicato cuando trabajaba en los bananeros hace 15 años – me despidieron y me pusieron en la lista negra, lo que significó que no podía volver a trabajar.  No me he comprometido en un sindicato desde entonces porque tenía miedo de que me despidieran otra vez y de no poder encontrar trabajo en ninguna parte, en los bananeros o en las plantaciones de la piña.

La empresa ha estado vigilándome porque sospechaba que era una simpatizante sindical.  En noviembre de 2009, tres nuevos trabajadores de campo se afiliaron al sindicato y la reacción de la empresa fue despedir a todos los trabajadores en el campo.

También se ven a menudo discriminación y acoso de mujeres por la empresa.  El administrador de la plantación me dijo que ‘las trabajadoras femeninas no valen nada, deberían estar en casa cuidando a los hombres’.  Hace dos años, había 29 mujeres que trabajaban en la planta empacadora, mientras que hoy en día sólo hay 8.  Algunas trabajadoras lo han pasado muy mal, como mi sobrina Anneth, que fue despidida cuando la empresa descubrió que estaba embarazada.  Una amiga mía también sufría a menudo acoso sexual.  Aun despidieron a un antiguo miembro de la administración por abuso sexual de algunas de las trabajadoras.

Yo decidí quejarme al Ministerio de Trabajo y al Instituto Nacional de las Mujeres de las condiciones a las que las trabajadoras tienen que enfrentarse.  Por eso me despidieron.  El administrador también pidió a todos los otros trabajadores que firmaran una petición para librarse de mí y me la entregó cuando me dijo que iba a perder mi trabajo.  Todo el mundo tenía miedo de no firmarla.  Como si ser despedido no fuera lo bastante malo, ver el papel firmado por todos los otros trabajadores era muy deprimente (María está llorando).  He apoyado a estos otros trabajadores en el pasado pero cuando más los necesitaba no me apoyaron, lo que me dolió mucho.

Esta era la primera vez que me había quejado porque siempre tenía miedo de que me pusieran en la lista negra.  Esto ya ha sucedido, lo que significa que no puedo trabajar en ninguna otra plantación de piña, ya que me han calificado de trabajadora ‘problemática’.  También trasladaron a mis colegas y a miembros de mi familia que trabajaban en San Pedro a trabajos peores como castigo por haberse relacionado conmigo y ya han despedido algunos de ellos.

30 de febrero 2010