La industria bananera en Laos: condiciones de trabajo precarias y destrucción medioambiental

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Para los habitantes de los diminutos pueblos laosianos que salpican las montañas de la frontera noroeste del país, la banana parecía una salvación. Como la demanda de bananas en la vecina China estaba alcanzando nuevos máximos, los inversores chinos comenzaron a cruzar la frontera para invertir en plantaciones bananeras en las empobrecidas provincias norteñas de Laos. Desde 2002, cuando Laos produjo menos de 90.000 toneladas de banano, la producción aumentó a más de 400.000 toneladas en 2013. Durante un tiempo, el acuerdo favoreció a todas las partes. Los terratenientes laosianos recibían grandes cantidades de dinero a cambio de alquilar sus tierras, los trabajadores locales tenían trabajo y los chinos obtuvieron una nueva fuente de bananas y los beneficios que ello conllevaba. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que los inesperados efectos secundarios comenzaron a sobrepasar las ventajas económicas de la inversión china en Laos.
 
Mientras que es fácil hacer crecer las bananas en Laos central y del sur, el clima y el paisaje montañoso de las provincias de Bokeo, Luang, Phongsaly y Sayaboury no conducen naturalmente a la producción bananera. Además, la preferencia por los inversores chinos de la variedad Cavendish ha llevado a las plantaciones de bananos a convertirse en una cornucopia de pesticidas, herbicidas, rodenticidas y fertilizador con el fin de proteger sus plantas. A diferencia de la variedad nativa “kuay nam”, los tipos comerciales de bananas de países extranjeros requieren fertilizantes y sustancias químicas para defenderse de las 28 enfermedades y 19 insectos que atacan a las plantas en el norte. A la vez que efectivos para aumentar la producción, los agentes químicos han tenido consecuencias sociales y medioambientales dañinas, tanto para los trabajadores de la plantación como para los pueblos aledaños.
 
Salarios bajos y condiciones de trabajo precarias

Los trabajadores de las plantaciones denuncian ser obligados a trabajar en condiciones antihigiénicas en proximidad de agentes químicos peligrosos sin un equipo protector en condiciones. Los trabajadores reciben un salario bajo de unos 50.000 kip ($6.25 dólares estadounidenses) al día y no se les paga si están enfermos. Se les instala en un sucio alojamiento proporcionado por la compañía, frecuentemente con pobres condiciones higiénicas.
Según un oficial agrícola de la provincia de Bokeo, “los trabajadores no tienen uniformes cuando se esparce herbicida en la plantación”. Aquellos que sufren mayor exposición a los agentes químicos padecen dolor de cabeza y mareos. Algunos desarrollan llagas abiertas en los brazos y tienen problemas con enfermedades de la piel.
 
Foto: Preocupación sanitaria: una trabajadora con su hijo 
enfermo en el hospital de Ton Pheung. Foto de Guillaume Payen
 
Los dueños de las plantaciones también impiden a los trabajadores laosianos trabajar más de tres años en las plantaciones porque temen que los trabajadores mueran allí. Un oficial del ministerio provincial de trabajo y bienestar social confirmó que un trabajador de 59 años murió en el hospital provincial de Bokeo el año pasado “debido a trabajar en la plantación de banana en Pha Oudom, pero el empleador chino solo pagó 500.000 kip ($62 dólares estadounidenses) para ayudar con su funeral.” En febrero, guardas chinos obligaron a trabajadores laosianos en la provincia norteña de Oudomxay a trabajar en plantaciones contaminadas con peligrosos químicos. Cincuenta trabajadores locales trabajaron bajo la vigilancia de chinos armados con rifles automáticos, a pesar de la existencia de leyes que prohíben el uso de armas fuera de la policía y el ejército.
 
Repercusiones generales en las provincias norteñas.
El uso de agentes químicos peligrosos también está impactando a los pueblos alrededor de las plantaciones chinas que obtienen su agua del mismo río. Una preocupación acerca de la contaminación del suministro de agua llevó a tomar medidas a finales de 2015 que requerían a los chinos la utilización de fertilizantes orgánicos. Hasta la fecha, esta práctica no está siendo seguida. “Los dueños de la plantación no se ocupan de los desechos, y los habitantes del pueblo no están contentos porque durante la temporada de lluvias las sustancias químicas son arrastradas al arroyo y nadie se atreve a bañarse allí,” relató un habitante de los pueblos de Tham y Phokham en la provincia de Luang Namthan a la agencia de noticias Radio Free Asia.
En el pueblo de Simeuang-ngam, se acusó a los vertidos de una plantación bananera de matar a 900 kg de peces. Sin embargo, en vez de trabajar para prevenir la contaminación, los inversores chinos que respaldan la plantación descubrieron que les resultaba más barato pagar una indemnización a los afectados.”
 

 
Foto: Creación química: los trabajadores sumergen las bananas en un baño de formol para ralentizar el proceso de maduración. Foto de Guillaume Payen
Fuentes: www.fruitnet.com, sea-globe.com,www.rfa.org
Foto de cabecera: Trabajando: trabajadores en una plantación de la provincia de Bokeo, en el norte de Laos. Foto de Guillaume Payen.