Cómo las inversiones de Fairtrade están produciendo fruta en Ghana

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Banana Link llevó recientemente a un grupo de periodistas de diferentes países europeos a visitar plantaciones de bananos y piñas en Ghana certificadas como Fairtrade para mostrar sus buenas prácticas. Os reproducimos aquí abajo un artículo escrito por una de esos periodistas, Joanna Blythman, publicado en la revista  The Grocer.
 

Sentada enfrente de la pantalla, Abigail, una ghanesa de doce años despierta y altamente motivada, me cuenta porqué se centra en sus habilidades informáticas: “te ayuda a conseguir una educación”. Es tan solo uno de los niños en el área Asuogyaman se empapan de la formación gratuita de informática fundada por la “prima social”, los fondos extra recibidos de los productores de fruta de Fairtrade para financiar proyectos comunitarios.
 
En veinte años, las ganancias que provienen de los Terrenos del Río Volta (TRV), los cuales se convirtieron en la primera plantación bananera de Fairtrade del mundo en 1996, ha transformado el territorio circundante. Anteriormente, la escolarización del instituto South Senchi Junior High tenía lugar bajo un árbol de mango. Ahora los alumnos estudian en pupitres en un edificio. Gracias a Fairtrade, los TRV han financiado un quirófano en el hospital local, tanques de almacenamiento de agua potable en tres pueblos, becas para la educación secundaria, y subvenciones para la educación de las familias de los trabajadores. Como el director de agricultura de la compañía Anthony Kofi Blay expone: “esto es ahora un lugar diferente. Fairtrade lo ha cambiado”.
 
 
Por supuesto, los beneficios que Fairtrade proporcionan a los productores de fruta de todo el mundo (esencialmente, el precio mínimo garantizado y la prima social), están bien documentados. Pero en Ghana, da realmente la sensación de que el Fairtrade ha subido de marcha (yendo más allá de cualquier lista de apariencias y complacencias), integrando más ambiciosos derechos laborales y objetivos medioambientales en su actividad diaria.
 
 
Para comprender lo que ha estado sucediendo en Ghana en el floreciente sector de la fruta de Fairtrade, se debe apreciar la singularidad del país. Fue el primer país africano en obtener su independencia. Su primer líder, Kwame Nkrumah, llegó al poder ayudado por sindicatos, y desde entonces han sido copartícipes en un diálogo colaborativo con el gobierno y las compañías de fruta. Ghana se ha unido a las convenciones de la Oficina Internacional del Trabajo, y ha ratificado las ocho, comprometiéndose a la libertad de asociación y a la negociación colectiva, y estas convenciones son impuestas y respetadas sobre el terreno. En las plantaciones de bananos y piñas ghanesas, el 100% de los empleados no directivos están sindicalizados, y, aun así, irónicamente, las huelgas son escasas en Ghana, y limitadas a los lugares de trabajo donde no hay sindicato. Esta situación armoniosa contrasta con Perú, donde hay leyes anti-sindicales y frecuentes violaciones de los derechos laborales, o Guatemala, donde ser un sindicalista bananero activo te pone en riesgo de violación o muerte.
 
Los derechos de los trabajadores
 
Mayores derechos se recogen en la Legislación Laboral de Ghana de 2003. Los ghaneses tienen derecho a un sueldo mínimo, a la remuneración de días festivos, trabajo nocturno y baja por enfermedad, incluso siendo contratados de manera temporal. La jornada laboral en las plantaciones de fruta es de ocho horas con una hora de descanso, o dos horas para las madres que estén lactando. El trabajo infantil no existe porque, como dice Edward Kareweh, el secretario general del Sindicato de Agricultores de Ghana, “los niños deben estar en la escuela”.
 
 
Ghana, que actualmente abastece a los supermercados Sainsbury’s, Marks & Spencer y Co-op en Reino Unido, es el ejemplo vivo de que el comercio justo de bananos y piñas que crecen en plantaciones pueden ser tanto ético como sostenible. Es por ello que  Make Fruit Fair, (un EC) financió la alianza de ONG internacionales, sindicatos y pequeñas organizaciones granjeras cuyo objetivo es mejorar las condiciones para la gente que cultiva, recoge y empaqueta nuestra fruta tropical, alaban a Ghana como modelo de la mejor práctica en la industria global de la fruta.
 
Los cada vez más estrictos requisitos establecidos por Fairtrade, los cuales están funcionando tan exitosamente en Ghana, están aclarando las aguas entre Fairtrade y otros sistemas de certificación menos exhaustivos: Rainforest Alliance, GlobalGap, EurepGAP, Field 2 Fork de Marks & Spencer, y Tesco Nurture.
A primera vista, es la Rainforest Alliance la que más rivaliza con Fairtrade, si ignoras la inherente contradicción lógica de que la producción de fruta en plantaciones generalmente significa talar bosques primordiales. La otra diferencia es que la Rainforest Alliance no garantiza un precio mínimo o garantiza alguna prima social. Y el actual entusiasmo de Aldi y Lidl por el certificado de Rainforest Alliance ha llevado a sospechar que el encanto de ese sistema para ellos yace en la relativa laxitud de sus criterios de certificación y su atractiva accesibilidad.
 
En los campos bananeros de Golden Exotics (GE), el líder de exportación de fruta ghanesa, Jacqui Mackay de Banana Link, una organización colaboradora de ¡Frutas Justas!, explica el potencial abismo entre palabras sobre papel y la realidad de los trabajadores.
 
 
“La certificación es tan solo un entramado. Se basa en auditorías, en instantáneas tomadas en un día o dos. Si hablas con los trabajadores en otros países, te cuentan que saben cuándo van a venir los auditores porque de repente les dan equipamiento de seguridad. Sin sindicatos en el terreno que proporcionen a los trabajadores lo que les pertenece por derecho, auditar se convierte casi en un juego.” Por ello, Banana Link ha estado coordinando un programa, financiado por Comic Relief, para aumentar la concienciación entre los trabajadores ghaneses de sus derechos y para perfeccionar sus habilidades de negociación para protegerlos. “No puedes simplemente repartir indumentaria de protección para trabajar con químicos, por ejemplo, sin educación. La gente no la usará a menos que entiendan cuales son los riesgos para la salud”, dice Mackay.
 
 
 
 
 
 
GE pertenece a Compagnie Frutière. Su capital social está en manos de la familia francesa fundadora (60%) y del grupo de fruta estadounidense Dole (40%). Este importante jugador internacional ve a Fairtrade como el pilar de su operación. “Queremos ser la mejor interpretación posible de Fairtrade” dice el Doctor Olivier Chassang. En 2012, solo el 13% de la producción de GE era Fairtrade. Ahora es el 60%, y además los trabajadores disfrutan de numerosos beneficios, desde redes anti-mosquito gratis y comidas en la cantina subvencionadas, a un pequeño sistema de préstamos y, pronto, una guardería para madres lactantes.
 
GE también está mejorando su producción de banana orgánico de Fairtrade. Por ahora vende todos sus bananos orgánicos en Francia, por lo que no hay suficientes para Reino Unido. Pero está expandiendo sus plantaciones orgánicas 500 hectáreas cada año. Este impulso orgánico conlleva la regeneración de pastizales deteriorados (usados previamente para el ganado y la quema de carbón vegetal) usando el propio compost de GE como enmienda.
 
Y aunque el clima cálido y seco de Ghana no proporciona las condiciones ideales para el cultivo de fruta, menos precipitaciones se traducen en bananos y piñas ghanesas más pequeñas y más dulces que sus homólogos latinoamericanos más almidonados. La escasez de precipitaciones en Ghana también reduce el riesgo de plagas e insectos. Según el director de operaciones de GE, Beneditch Rich, los bananos cultivados convencionalmente en Ghana solo reciben entre cinco y diez pulverizaciones contra la enfermedad de la sigatoka negra (el archienemigo de los cultivadores) en comparación a las típicas 50 a 60 pulverizaciones en Latinoamérica. En Ghana, las bolsas de plástico azules usadas para proteger los bananos en el árbol no necesitan ser impregnadas en pesticida, como hacen en muchos otros países.
 
Arriba, en las brumosas colinas cerca de la ciudad de Otaten, el productor de piñas Fairtrade Gold Coas Fruits (GCF) puede contar los beneficios del cultivo de bajos ingresos. Cuando empezó en 2005, GCF siguió los procedimientos de Costa Rica en los que se usan seis aplicaciones de pesticida en cada ciclo de cultivo. “Pero pronto nos dimos cuenta de que no lo necesitábamos” dice el encargado de supervisión y certificación Sampson Ameyaw. “Ahora usamos solo dos porque tenemos un equipo de vigilantes en busca cualquier enfermedad o invasión, por lo que podemos tratar las plantas sólo cuando sea necesario, ahorrándonos así mucho dinero.”
 
 
Un futuro prometedor
 
Ghana cultiva la misma variedad de piña (MD2 - Del Monte Gold) que domina los cultivos de exportación del resto del mundo, pero al igual que los sabrosos bananos del país, sus piñas son en miniatura, menos fibrosas y libres de esa acidez que la variedad puede desarrollar en otros climas. El futuro despunta prometedor para GCF. Los inversores están financiando un dique que permitirá un sistema de riego por goteo, lo que permitirá a la compañía crecer “de ocho a diez veces lo que somos ahora en un período de cinco años”. Pero el problema aquí es que GCF, como cualquier otro cultivador ghanés, está vendiendo actualmente solo el 20% de sus frutas al precio de comercio justo, porque los minoristas inmersos en la agresiva guerra del precio del banano en Reino Unido no pagarán por ellos. Todos los minoristas sostienen que su fruta es “producida sosteniblemente”, pero Tesco, Asda, Morrisons, Aldi y Lidl consiguen el grueso de sus suministros de fuentes que no son Fairtrade. La presión de mantener el precio de venta de bananos sueltos lo más bajo posible crea un clima muy poco beneficioso.
 
 
 
La insistencia por parte de algunos minoristas de Reino Unido de que Fairtrade y/o la fruta orgánica deba ser empaquetada en bolsas de plástico y etiquetada supone otra irritación para los exportadores bananeros ghaneses. “Es laborioso, ralentiza la central de empaque y añade costes”, explica un encargado de la compañía. “Los supermercados franceses no son tan quisquillosos. Ellos venden bananos de Fairtrade sueltos”. Afortunadamente, los minoristas están finalmente relajándose con respecto a los requisitos de tamaño. Bananos que antes habrían sido rechazados por ser demasiado cortos ahora han encontrado hueco en la “mochila” del mercado británico.
 
En lo que respecta a los consumidores británicos, los valores están influenciando el comportamiento también de otros modos. Una reciente campaña de los trabajadores de fruta mejicanos contra el distribuidor estadounidense Driscoll’s, la cual incluía alegaciones de “neo-esclavitud” y condiciones laborales peligrosas, expuso a Lidl como el objetivo de un boycott de consumo en Reino Unido. Muestra que los minoristas pueden verse dañados por noticias negativas de campos de fruta distantes, a menos que ellos tengan una historia más convincente que contar.
 
 
La disposición a pagar más por fruta Fairtrade depende de que los compradores escuchen una garantía creíble y evidenciada de que el sistema no es simplemente otra pegatina en la caja.  Y aunque Ghana sea un país pobre, su emergente estatus como la expresión más sincera e incondicional de los principios del Fairtrade en todo el mundo obviamente hace de ella una ganadora con consumidores éticos. Las millas de alimentos no son tampoco irrelevantes. Ghana está en la misma latitud que Reino Unido, y, junto con Camerún, es nuestro proveedor de bananos y piñas más cercano. 
 
En cuanto al sabor, la fruta ghanesa se acerca más en términos alimenticios a las tradicionales frutas caribeñas que Gran Bretaña ha favorecido históricamente. Los alemanes esperan que los bananos sean largos y rectos, pero los británicos tenemos un apetito diferente. Y los cultivadores de fruta ghaneses, con su sabrosa historia de producción justa y ambientalmente progresiva que contar, están muy bien situados para satisfacerlo. 
 
 
Lee más en: Securing Decent Work in tropical fruit export production describe el trabajo de Banana Link con el Sindicato de Trabajadores Agrícolas Fako (FAWU) en Camerún y el Sindicato General de Tranajadores Agrícolas de Ghana (GAWU) para educar y fortalecer a los trabajadores y sus sindicatos para negociar salarios dignos y mejores condiciones en las plantaciones de banano y piña.