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En 1996, solamente 2.500 de los diez millones o más toneladas de banano comercializado a nivel mundial fueron vendidos con la etiqueta de comercio justo. Ninguno de ellos estuvo disponible en el Reino Unido y ningún supermercado los almacenó. Estos bananos “alternativos” fueron vendidos solamente en pequeñas tiendas independientes o a través de cooperativas de consumidores en Alemania, Suiza, Bélgica y Japón.
En abril de 2002, gracias a la acción coordinada por consumidores y alianzas internacionales de sindicatos, asociaciones de productores y organizaciones no gubernamentales, los bananos con una garantía de “comercio justo” también estuvieron disponibles en los supermercados en trece países europeos. Diez años después de su lanzamiento, más de 100.000 toneladas de los 14 millones de toneladas comercializadas a nivel mundial son producidas y vendidas con la etiqueta de comercio justo, un aumento multiplicado por cuarenta. Para el 2005, los bananos con la etiqueta de comercio justo ocuparon casi el 50% del mercado bananero suizo, mientras que en el Reino Unido, la participación en el mercado alcanzó más del 5% en solo cinco años. Hasta el 2002, los bananos con etiquetas de comercio justo fueron comercializados a los consumidores británicos utilizando la “marca comercio justo” y en Suecia bajo el “Rattvisemarkt”. En el resto de Europa, Norteamérica y Japón, existieron etiquetas nacionales llevando el nombre de las fundaciones “Max Havelaar” o “Transfair”. Sin embargo, desde 2002, existe una sola marca internacional de comercio justo utilizada por casi todas las iniciativas nacionales de etiquetado. Estas etiquetas garantizan que los bananos han sido producidos bajo ciertas normas y que el productor recibe un precio justo más una prima por invertir en mejoras sociales y ambientales. El organismo responsable del establecimiento y monitoreo de estas normas sociales y ambientales es la Organización Internacional de Etiquetado Justo (FLO). Desde el 2003, su brazo certificador FLO CERT Ltd. y FLO Internacional reúne a 20 iniciativas nacionales de etiquetado en Europa, Norteamérica, Japón y Australia. FLO certifica a organizaciones de productores, tanto a pequeños productores como a plantaciones, y registra a comerciantes que quieren comercializar bananos con la etiqueta de comercio justo. Las iniciativas nacionales de etiquetado les autorizan a las compañías que quieren vender en los países consumidores. El costo de la certificación y monitoreo es compartido entre los productores y las compañías autorizadas a utilizar la marca en los mercados consumidores. Los productores certificados son monitoreados regularmente para verificar el cumplimiento de sus prácticas de trabajo con altas normas sociales y ambientales fijadas por FLO. El sistema de Comercio Justo incorpora el principio de “internalizacion de los costos” (por ejemplo, incluyendo el costo de derechos sociales y protección ambiental en el precio pagado por el consumidor). Bajo el criterio de FLO, a los productores se les garantiza un precio mínimo que es calculado para cubrir el costo total de producción más un margen razonable para satisfacer las necesidades básicas. Una prima sustancial también es pagada, la cual puede ser invertida hacia mejoras sociales y ambientales. En el caso de las organizaciones de pequeños productores, los miembros deciden democráticamente cómo gastar la prima en su comunidad. En las grandes plantaciones certificadas por FLO, la prima está dirigida a beneficiar a los trabajadores quienes están alentados a organizarse en sindicatos independientes. Los criterios sociales también incluyen otras normas internacionales de trabajo, sanitarias y seguridad. Las organizaciones también deben trabajar con el fin de eliminar todo tipo de discriminación por género. Adicionalmente, los mismos productores se comprometen a disminuir la aplicación de químicos, a proteger el agua, tierra y vida salvaje y a reducir y/o convertir los desechos en abono. A finales de 2005, los bananos frescos de comercio justo, bananos fritos y puré fueron exportados por pequeñas asociaciones de productores o cooperativas y plantaciones de Ecuador, República Dominicana, Colombia, Santa Lucía, San Vicente, Dominica, Granada, Ghana, Costa Rica, Perú y Brasil. Todas las organizaciones en Perú y República Dominicana, al igual que algunas de ellas en Ecuador, producen bananos orgánicos. A inicios del siglo XXI, el comercio internacional de bananos enfrentó la crisis más profunda en sus 100 años de historia. Las visiones, principios y prácticas de comercio justo son más necesitadas que nunca ya que la industria de billones de dólares esta yendo a través de cambios rápidos y sin precedentes. Trabajando en conjunto, consumidores y productores han desafiado a la industria a un cambio para que cubra con las demandas de una producción sostenible y comercio justo. Actualmente, nadie en la industria bananera desconoce este reto, pero todavía hay mucho más por hacer. En las Islas de Barlovento, gracias al trabajo de la Asociación de Productores de las Islas de Barlovento, WINFA y gracias a los consumidores británicos, la etiqueta de comercio justo se ha convertido en una esperanza de sobrevivencia de la industria bananera en un mercado europeo de banano cada vez más liberalizado. A finales de 2005, más de la mitad de las exportaciones de las cuatro islas fueron certificadas con comercio justo, con algunos 40 grupos de productores de la comunidad, que incluyen 3000 fincas. Tres de cada diez productores son mujeres. La industria está buscando convertirse enteramente en una producción comercio justo durante los próximos meses y años.
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