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Los supermercados son los únicos actores en la cadena bananera que constantemente reciben ganancias con la venta del banano. Esto ha conllevado a que su poder económico en la cadena aumente de manera espectacular en la última década.
El banano es el único alimento rentable que pasa por las cajas de los mercados británicos, siendo responsables del 1% de todas las ventas. En EEUU, se estima que los bananos representan un 2% del volumen de ventas en los supermercados norteamericanos. En Gran Bretaña, es probable que sea una cifra más alta.
Grandes minoristas harán lo que sea necesario para persuadir al público a que compre en sus propias tiendas en lugar de ir a donde la cadena rival. Imagen y relaciones públicas son los instrumentos claves para el éxito de las grandes cadenas de supermercados. Los mismos han desarrollado poderes como el camaleón con el fin de atraer a un gran número de consumidores.
Estos se portan como guerreros en defensa de los consumidores pobres, obteniendo los productos más baratos, aunque eso signifique que los que los producen reciben salarios bajísimos y su medio ambiente local es destruido. Al mismo tiempo, como si estuvieran impresionados por su propio éxito al bajar las normas, estas compañías simultáneamente aparecen como defensores del comercio justo, ofreciendo soluciones para los consumidores más conscientes de los problemas que ellos han ayudado a crear. A través de una variedad de marcas que van desde una variedad de “precios” hasta “opción de la naturaleza” o “vida sana”, ellas intentan ofrecer productos para todo tipo de consumidor. Al hacer esto, estos supermercados están respondiendo a “lo que el consumidor desea”.
No obstante, existen razones para pensar que la estructura del mercado de los supermercados como en el Reino Unido, en el cual aproximadamente el 75% de los comestibles son vendidos solamente por cuatro grandes minoristas (Tesco con el 31%, Asda/Walmart y JP Sainsburys con 16% respectivamente y Morrisons con el 12%), es intrínsicamente defectuosa y destructiva para productores primarios y sus trabajadores.
Durante varios años, especialmente desde que Walmart adquirió Asda en 2.000, los supermercados han estado involucrados en amargas guerras de precios. Especialmente, los bananos, junto con la leche, el pan y otros productos han estado expuestos a los efectos de esta guerra de precios, ya que ellos son los denominados KVI (artículos conocidos de valor) o líneas dominantes de valor. Los consumidores compran a menudo estos artículos cuyos precios se creen ser anunciados.
Cuando los consumidores comparan los precios ofrecidos por los diferentes supermercados, ellos utilizan los KIV. Entonces, los minoristas creen que el comparar el precio total de sus compras en una cadena de supermercados es opuesta a la otra, a pesar de que rara vez sus precios reflejan el costo de la compra de otros artículos como comidas preparadas.
En 2.002, a costa del contrato exclusivo de bajos precios con Del Monte, Asda/Walmart, anunció una caída dramática de su precio de venta al público de los bananos de £1,08 a 0,94 peniques por kilo. Dentro de horas, Tesco disminuyó sus precios para poder competir con el precio de Asda. Después, una segunda disminución de precios fue realizada por Morrisons, la cuarta cadena de supermercados más grande. Para el 2.004, el precio variable del banano para los consumidores había disminuido a 0,74 peniques/kilo, lo cual representa el 30% total de disminución de lo que había sido antes durante 6 años, antes del paso dado por Asda.
Sin embargo, debido a que Tesco y otras cadenas británicas mantienen márgenes más altos que Asda/Walmart, estas disminuciones de precios de venta al público fueron pasados a sus abastecedores de bananos, con repercusiones inevitables para los productores y trabajadores en América Latina y el Caribe.
En ese tiempo, un importador que vendía a una gran cadena británica informó que estaba recorriendo el mundo buscando suministros y vendiendo a una gran perdida al minorista, el cual todavía estaba insistiendo en precios más bajos incluso durante un período de desabastecimiento global. Este abastecedor tuvo que tomar una decisión severa, la cual era irse a la bancarrota ahora o continuar comercializando con perdidas, esperanzado en que algo sucedería después para salvar el día.
Los precios del banano en las cuatro cadenas de supermercados han permanecido estrechamente coordinados. Cualquier cambio en el precio en un supermercado, es inmediatamente reflejado en las otras cadenas. En 2.005, el precio aumentó hasta 0,85 peniques/Kg. ya que hubo escasez de abastecimiento y por lo tanto los precios aumentaron. Es esta ocasión, los abastecedores fueron capaces de pronunciarse sobre el incremento del precio que tenían que pagar por bananos verdes a sus clientes, los grandes minoristas.
Entonces, en marzo 2.006, los precios de venta al público en el Reino Unido nuevamente fueron reducidos drásticamente a bajos niveles, encabezado otra vez por Asda/Walmart. Esta vez, la reducción fue del 25%, disminuyendo los precios a 0,64 peniques (0,92 euros) por kg. Las otras tres cadenas hicieron lo mismo dentro de 24 horas, a pesar de que actualmente algunas de ellas comenzaron a sentirse incómodas con esta guerra de precios, lo cual no hizo nada más que traer más consumidores a sus puertas.
Estos eventos son una muestra de lo peligroso que son “la concentración del mercado minorista” y el crecimiento del “poder de compra”. Actualmente, los contratos con supermercados son muy importantes para los importadores bananeros (y otros abastecedores). Éstos aceptan precios bajos insostenibles y otras condiciones pesadas que amenazan la viabilidad de sus propios negocios. Cuando los abastecedores son asfixiados por los supermercados, inevitablemente tratan de bajar los precios, incluso a niveles más bajos. Debido a que la mayoría de las grandes compañías son ya altamente eficientes, la única manera realista de que puedan bajar más los precios es reduciendo los salarios y beneficios de los trabajadores de las plantaciones y evitando medidas costosas de protección ambiental. Bajo la presión de los minoristas, los abastecedores se trasladan a lugares con los peores estándares, o despiden a los trabajadores y los vuelven a contratar con remuneraciones más bajas que las anteriores.
Banana Link esta participando en numerosas campañas cuyo objetivo es prevenir una mayor concentración de supermercados y contrarrestar la utilización “abusiva” (término propio de la Comisión de Competencia del Reino Unido) del poder de compra. (Véase la sección campañas)
Mientras que los cambios estructurales dirigidos al sector minorista británico (y en aumento hacia otros mercados de la UE) exacerban la “carrera hacia el fondo”, los supermercados camaleones también aparecen como los defensores de altos estándares. La mayoría de las grandes cadenas venden productos orgánicos con etiqueta de comercio justo, los cuales garantizan el cumplimiento de estándares sociales y ambientales. Adicionalmente, la mayoría de estos supermercados son parte de la Iniciativa de Comercio Ético de Gran Bretaña, una alianza de compañías, sindicatos y ONG que trabajan en el monitoreo y verificación de la aplicación del código de conducta en las normas laborales en la cadena de abastecimiento.
La venta de bananos dominicanos de comercio justo realizada por Tesco, es su único medio de salvación para esta isla de Barlovento. Sainsburys obtiene banano de comercio justo de otra isla, Santa Lucia. Asda se abastece de los pequeños productores de San Vicente. Sin estos puntos de venta, la industria bananera de las Islas de Barlovento tendría pocas esperanzas de sobrevivir.
Adicionalmente, cada vez más, los minoristas se aseguran que las normas de calidad y ambientales vayan de conformidad con la norma privada creada por ellos mismos: EuroGAP. Esta norma es un esquema que asegura la calidad creada por el consorcio europeo de minoristas británicos. Cada vez más, los productores se ven obligados a cumplir con estas normas si es que quieren vender a los supermercados europeos.
Actualmente, Norteamérica se encuentra desarrollando una iniciativa similar, igualmente controlada por los supermercados sin legislación pública. La clave es esperar que los productores cumplan más y más estas normas para poder vender, pero los compradores no ofrecen nada para cubrir con los costos de inversión para la mejora de normas. ¡Este es el precio, o lo tomas o lo dejas!
Hasta ahora, los supermercados no se han esforzado en cumplir con las normas laborales y sociales. Solamente han cumplido de manera superficial las normas de calidad y ambientales. Mientras que estas iniciativas privadas (véase en Alternativas) son mejores que a nada, muchos creen que todo el comercio internacional debería respetar los convenios de la Organización Internacional del Trabajo sobre libertad de asociación y negociación colectiva, trabajo infantil, salud y seguridad social, etc. El confiar en iniciativas voluntarias y elección del consumidor no deberían ser un substituto para las industrias controladas adecuadamente.
La industria bananera proporciona muchos ejemplos de compañías certificadas de acuerdo con varias normas voluntarias. Sin embargo, dichas compañías automáticamente ignoran normas gracias a las cuales han recibido su certificación. Incluso, en la conferencia anual del ETI en 2.005, varios delegados, incluyendo los conferencistas, expresaron su parecer de que las normas voluntarias no estaban funcionando.
Mientras que los intentos de los supermercados en aumentar las normas son bienvenidos, no se debe olvidar que ellos mismos son los que están asfixiando a sus abastecedores hasta el punto donde las normas son casi inevitablemente más inferiores.
Mas lecturas
El sector de venta minorista en Europa : Cuando un mercado deja de serlo?. Informe para los miembros del Parlamento Europeo. Varios autores.(De las organizaciones "The Responsible Purchasing Initative and The Agribusiness Accountability Initiative). Septiembre 2007.
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