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13 de julio 07 En la última semana ha habido un montón de artículos en la prensa ecuatoriana centrándose en el daño a la salud de los habitantes de la zona y trabajadores de plantación en la comunidad de plátano a causar del uso y abuso de las agroquímicas, en particular la aerofumigación indiscriminada. Aunque tales temas han sido hallados extensamente en América Central, el nivel de conciencia del - y la acción a remediar – problema en el país de exportación de plátano más grande del mundo ha estado muy bajo.
En este reseña de tres artículos del periódico El Comercio las noticias esperanzadoras únicas son que organizaciones medioambientales a los niveles locales, nacionales y regionales y las autoridades locales han empezadas a involucrarse a encauzar las quejas formales de las comunidades afectadas en las provincias de Guayas y El Oro. Las Ramas, Salitre, provincia de Guayas El alcalde de un barrio en Salitre está preparando una petición formal para que dejen la aerofumigación que afecta los seiscientos habitantes de Las Ramas. Cada tres semanas, los aviones vienen de las plantaciones cercanas de Primavera y Vizcaya, recientemente comprados por las compañías rusas de Sunway y JFC. En un estudio publicado en septiembre 2006 por dos ONG, Acción Ecología y FEDESO, las mujeres de Las Ramas afirman que, en los últimos seis años, fuera de un total de 616 embarazos, ha habido 72 abortos (no provocados). También hay 14 niños nacidos con deformidades congénitas. Aunque no hay pruebas científicas definitivas de un vínculo con las pesticidas, las pruebas circunstanciales son muy fuertes. Fuera de quince muestras de agua potable y suelos, once muestras mostraron contaminación de pesticida, notablemente por las insecticidas chlorpyriphos y endsulphan y la fungicida ‘Captan’. Casi todos los niños de la escuela primaria de Las Ramas tuvieron quejas para las periodistas sobre los efectos de la aerofumigación. Una chica se quejó que “cada vez que los aviones pasan por alto y tiran el líquido, me lo siento quemando el piel.” Una abuela, cada vez que oye que vienen los aviones, se preocupa porque “mi nieto de cuatro años se queja que se pican el garganta y los ojos. El estudio de la ONG a Las Ramas revela que más que 50 por ciento de los habitantes se quejan de síntomas distintas desde que empezaba la aerofumigación. El gerente de las plantaciones de JFC rechaza la acusación que la aerofumigación afecte la población cercana, y se añade que usan las químicas menos perjudicial. También afirma que las casas más cercanas son 50 metros de la plantación y son separadas por una carretera, así que la compañía está cumpliendo con las leyes locales medioambientales. Sin embargo, la agencia de gobierno que es responsable por la aprobación por uso de las pesticidas se nota que “cualquiera pesticida se lleva un nivel cierta de peligro y toxicidad.” Pilotos y trabajadores de químicas son afectados también En abril 2007, un segundo estudio sobre pilotos de aviones de aerofumigación fue llevado a cabo por el Instituto Nacional por Higiene (INH) y mostró que 95 por ciento de los pilotos tenían la sustancia química sumamente tóxica carbamate? en su sangre. “Pensé que tenía un problema de corazón porque sufría dolor de cabeza y fatiga. Pero cuando el INH hizo sus pruebas detectó carbamate?”, dijo un piloto. Otros trabajadores quienes trabajan in situ con las químicas y las mezclan tuvieron quejas semejantes. Victor Robles trabajaba por quince años como inspector de fumigación en una plantación de plátanos, pero renunció a su trabajo “porque cuando toco las sustancias químicas, las me hacen picar el cuerpo y el lado izquierda entero de mi cuerpo se duerme”. Junto con la Red de Acción de Pesticidas de América Latina (RAPAL). Victor y otros han hecho una queja formal al Defensor del Pueblo Nacional. Pompilio Espinoza, Presidente de la Cámara Nacional del Comercio de Plátano, cree que no hay una necesidad para un cuerpo que pone los estándares en este dominio. La Iberia, El Guabo, la provincia del Oro En la provincia del Oro, el portavoz por el ayuntamiento parroquia de La Iberia en un barrio del Guabo, una comunidad donde 95 por ciento de los habitantes son empleados en la industria de plátanos, informa que los aviones fumigan sobre los patios de recreo de las escuelas y sobre los hogares de la gente: “Vivimos rodeados por las plantaciones de plátano y siempre nos están rociando desde arriba.” El doctor principal en la clínica local añade que “no hay estudios para mostrar que todas las quejas que tiene aquí la gente, como quejas de piel, los problemas respiratorios y los dolores del estómago son vinculados con la exposición a las sustancias químicas, pero es fácil deducir que las son.” Dominga Delgado, miembro de la comisión ambiental local informa que “veamos niños nacidos con deformidades y mujeres diagnosticadas con cáncer”. José Quishpo, miembro de la Asociación de Trabajadores de Plátano en El Oro afiliado con FENACLE), añade que “es los que rociamos sustancias químicas dentro de la plantación que son del riesgo más alto, pero nadie nos paga mucha atención”. El mayo pasado RAPAL presentó una queja con el Defensor del Pueblo Machala alegando que la aerofumigación de las sustancias químicas es llevada a cabo “según condiciones que no respetan estándares ambientales ni de salud.” |