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La mayoría de las mujeres que trabajan en las plantas empacadoras de la industria bananera de América Latina son madres solteras, y jefas del hogar. Los hombres generalmente abandonan sus responsabilidades, pasándolas a sus hijos y esposas. Iris Munguia, Cordinadora de la Secretaría de Mujeres de COLSIBA describe como “cada mujer en promedio tiene tres o cuatro hijos que mantener y debe trabajar largas horas o su familia pasará hambre. Miles de mujeres tienen que dejar a sus hijos y hogares para poder trabajar”. La vida es extremadamente dura para estas mujeres que tienen que ser padre/madre, viajar largas distancias desde sus hogares hacia el lugar de trabajo y combinar largas horas de trabajo asalariado con el trabajo en el hogar. Carmen, una líder sindicalista de Honduras señala en el libro Bananeras de Dana Frank: 'El trabajo en las plantaciones bananeras es esclavizante porque trabajamos doce horas al día o más, lo que significa que la mayoría del tiempo no vivimos con nuestras familias y nuestros niños están a cargo de nuestros hermanos, tías y tíos o abuelos, si es que tenemos ayuda familiar o sino los niños se quedan solos. La mayoría de las mujeres son al mismo tiempo padres y madres para sus hijos. Nosotras no criamos a nustros hijos, nuestras familias lo hacen.' El cuidado a niños en las plantaciones es inexistente, lo cual significa que las mujeres tienen que depender de la familia, vecinos y amigos o en algunos casos no tienen otra elección más que de dejar a los niños solos. Las mujeres en general no pueden pagar la escuela para sus hijos o tienen que elegir a cuáles de sus hijos les pueden pagar la educación. Además de las largas jornadas de trabajo, las tareas domésticas pueden añadir hasta 18 horas de trabajo por día, con efectos negativos para la salud y el bienestar. Un estudio sobre las mujeres en las Islas de Barlovento mostró que en esta parte de El Caribe, el 38% de los jefes de hogar son mujeres. Con sólo una persona recibiendo un salario, estos hogares tienden a ser más pobres y más vulnerables a los golpes de la economía.
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